Reestructuración de la deuda: el vuelo de la incertidumbre

Pese a que el despegue de un transbordador rumbo al espacio es un evento que atrae multitudes (no se puede negar el atractivo de la cuenta regresiva, el fuego del encendido de los motores y finalmente el despegue hacia las estrellas), el regreso a la Tierra es la parte más compleja e incierta del viaje. El estrecho ángulo de ingreso a la atmósfera, la pérdida de control de la nave por varios minutos, la brusca desaceleración y finalmente el aterrizaje, son etapas sin margen para el error.

Por Lorenzo Sigaut Gravina

El paralelismo con el proceso de reestructuración de la deuda pública externa que el país enfrentará en los próximos meses es elevado. La oferta del canje se asemeja al reingreso a la atmósfera: tiene que ubicarse justo en la intersección entre un alivio significativo para el deudor y el límite de tolerancia de los acreedores privados. Luego, vendrá un período de negociación de tira y afloje entre el Ejecutivo y los principales actores (FMI, buitres y grandes fondos de inversión). La oferta final requerirá un respaldo explícito del Fondo a la reestructuración que le de garantía a los acreedores privados de que Argentina recuperará la capacidad de repago tras el canje. Finalmente, el cierre de la oferta dependerá, como todo aterrizaje, en buena medida de la pericia del piloto.

El reciente fracaso de la extensión de plazos del pago de parte del capital del bono de la provincia de Buenos Aires (PB21) y la mínima adhesión al canje del bono dual que lanzó el Tesoro, son un llamado de atención de cara al proceso de reestructuración de la deuda pública Nacional.

En primer lugar, hay que tener bien identificados a los principales tenedores de cada bono para hacerles una propuesta atractiva. Por Cláusulas de Acción Colectivas la adhesión al canje de bonos ley extranjera exige 3/4 partes de aceptación para concretarse, por lo que es lógico que aparezcan consorcios de acreedores con poder de bloqueo (que junten una masa crítica de tenencias para evitar el canje). Hay que hablar con estos actores antes de lanzar la oferta para armarles una propuesta que sortee su poder de bloqueo. Los fallidos canjes de Provincia de Buenos Aires y del Tesoro, presentaron fallas en este plano pues no ofrecieron un futuro mejor.

Pero para terminar de empujar a los privados a que acepten voluntariamente el canje también se necesita demostrarles que la alternativa es peor (default) ya que no hay capacidad de repago en moneda dura. La provincia de Buenos Aires tuvo un flanco débil en este punto: le costó convencer a los tenedores del BP21 de que no tenía los recursos propios y/o que la Nación finalmente no iba a rescatarla para no embarrar el canje de la deuda soberana.

Esto puede convertirse en un dolor de cabeza para la reestructuración de la deuda pública Nacional. Tras el cambio de administración, el Tesoro ha vuelto a posponer vencimientos de LETES en dólares (más de u$s9.000 M a fines de agosto), ha conseguido u$s4.571 M de las reservas internacionales (colocando una Letra Intransferible), y el BCRA explicitó que uno de sus objetivos será asistir financieramente al Tesoro en moneda dura y local.

La movida del Central ahuyentó el riesgo de default de la deuda pública en Pesos, concretando un paso importante para que el Tesoro recupere el financiamiento en moneda local. Sin embargo, también mejoró la capacidad de pago en divisas a los acreedores privados que poseen bonos en ley extranjera, pues el Ejecutivo puede descomprimir servicios reperfilando vencimientos en moneda dura de títulos bajo jurisdicción local y utilizar las reservas netas del Central para pagarles.

Respecto de este último punto, hay que mencionar que el ajuste del sector externo (desplome de las importaciones) generó un elevado superávit comercial, que junto con el endurecimiento de las restricciones a la demanda de divisas, le permiten a la autoridad monetaria comprar actualmente cerca de u$s1.000 M mensuales en el mercado cambiario.

Por último, será fundamental que el gobierno tenga pericia a la hora de cerrar la oferta, adaptando su plan de vuelo a las condiciones de aterrizaje que finalmente se le presenten. Diseñar con precisión la secuencia de hitos a encadenar, anticipar soluciones ante probables bloqueos de consorcios de bonistas, lograr el apoyo del FMI e incluso de la comunidad financiera internacional al canje, serán claves para lograr un buen aterrizaje.

En síntesis, habrá que ajustarse el cinturón porque los próximos meses van a estar dominados por la incertidumbre sobre el desenlace del canje de la deuda pública soberana, lo que va a paralizar la toma de decisiones económicas. Una vez concluido este proceso -cómo les sucede a los astronautas que vuelven a la Tierra- comenzará el período de rehabilitación de nuestra economía.

* Socio y Director de Ecolatina.

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